Presupuesto para la corrupción

Escrito por Juan Francisco Rodríguez

Cuando usted necesita levantar una pared, por ejemplo, contrata al mejor maestro albañil que pueda, quién ya tenga suficiente experiencia levantando paredes y cuyo trabajo lo recomiende por sí solo; que administre correctamente su presupuesto y que le brinde la calidad de levantado esperada, que sea mesurado en el uso de los materiales y que optimice sus herramientas de manera que los costos se reduzcan a la más mínima expresión y en el tiempo preciso, pero cuidando que esa pared tenga todos los soportes necesarios para los fines previstos. En realidad suena sencillo, desde luego uno tiene que estar,  ojo al Cristo que es de oro, como decían las abuelitas, a la hora de un encargo tan importante.

Si así somos para levantar una simple pared, ¿Cuánto más cuidadosos debemos ser a la hora que con nuestros impuestos se pretende gastar en una inimaginable cantidad de cosas que supuestamente servirán para qué como ciudadanos estemos mejor? Y es que es el momento de fiscalizar todas las acciones que se realizan para aprobar el presupuesto general de la Nación para el año 2018, son reuniones tras reuniones, de quienes se sienten doctos en la materia presupuestaria y que con fórmulas, algunas veces incomprensibles, nos tratan de hacer creer que cada año se necesita más y más dinero, ya que con los miles de millones de quetzales, ya no alcanza para nada.

Mentira, mentira y mil veces mentira. Esa ha sido la falacia más grande que nos han pretendido vender cada año los politiqueros corruptos y mafiosos, que con la excusa que no alcanza para nada, cada año hay que aumentarle más ceros al presupuesto hasta llegar a la exorbitante cantidad solicitada de  Q87,672,000,000.00 (87 Mil 672 Millones) para el año 2018.

Cualquiera en sus cinco sentidos sabe que es muchísimo dinero y con el cual se podría realizar una importante cantidad de obras y servicios, brindando resultados reales a la ciudadanía. Sin embargo desde que inició la denominada primavera democrática con el presidente Arévalo Bermejo hasta la siguiente era democrática con Cerezo Arévalo, no hay dinero que alcance. Tan sólo basta con echar una mirada al presupuesto general de 2017, donde solamente (proyectado apróx.) se utilizaron Q.13 Mil Millones en gasto de obra, Q.12 Mil Millones en pago de servicio de deuda y la mayor cantidad, o sea Q.52 Mil Millones para pagar salarios, operatividad y funcionamiento en general. Es decir qué con nuestro dinero, los políticos gastan la mayor cantidad de ese presupuesto en pagarles a quienes supuestamente tendrían qué “hacer” qué lo que en realidad se hace, pero de todos es sabido que ese dinero, nos los roban los corruptos.

Con ese concepto de presupuesto no llegaremos jamás a ninguna parte, sino por el contrario, cada día perderemos más y más oportunidades para desarrollar al ciudadano guatemalteco y brindar un verdadero ambiente de libre mercado, competencia y facilidades para la inversión y generación de riqueza que consolide el anhelado progreso.

Ante esta situación y como ciudadano exijo de inmediato al Congreso de la República no autorizar tan irresponsable solicitud del ejecutivo y disminuir a los datos reales esa cantidad, para ello propongo que no se debe autorizar un presupuesto que supere la cantidad de dinero recaudado de nuestros tributos, en este caso, si con nuestros tributos recaudan Q.52 Mil Millones, ese debe ser, en último caso, el máximo número de dinero a gastar, así evitamos radicalmente el endeudamiento y empezamos a pagar a capital y no sólo el servicio de deuda.

También propongo que utilicemos un sistema de asignación de presupuesto a cambio de metas y resultados obtenidos, para evitar por ejemplo que ministerios, como el de comunicaciones, infraestructura y vivienda, puedan gastar más de Q.4 Mil 098 Millones y que ese gasto no sirva de nada ya que las carreteras del país están hechas un desastre y algunas son intransitables.

Otra medida muy importante, es que no haya duplicidad de funciones, por ejemplo entre Secretarías del Presidente, comisiones presidenciales y ministerios, a fin de reducir los gastos creados por personal innecesario y que resulta ser más nepotismo y corrupción, un ejemplo tan claro es que ahora los encargados de bachear los caminos son los efectivos del ejército, quienes ya han comprado maquinaria y equipo. ¿Y entonces para qué mantenemos miles de trabajadores en las unidades específicas en el micivi para tales casos?

Otra forma de hacer más eficiente el presupuesto general y reducirlo, es entrarle de lleno al tema de los sindicatos, que han servido de refugio para miles de ¿trabajadores? que buscan la manera de expoliar los bolsillos de los ciudadanos a través de las finanzas del estado, inventándose cualquier excusa, desde un bono antiestrés, o del pescado, o revolucionario, o cualquier cosa que se les ocurra; aumentando su tajada en ese botín que hasta el momento irremediablemente pagamos los tributarios. Es por eso que deben conocerse, hacer públicos, todos los convenios y pactos que los sindicalistas utilizan como herramienta de expoliación y en algunos otros casos de latrocinio. Al conocerlos, hay que encontrar, cuál es el sustento técnico que permite que lleguen a ganar jugosas cantidades de dinero legalmente y que una vez aclarados aquellos que resulten fraudulentos declararlos lesivos y sus promotores llevados ante la justicia, con sólo imaginar la cantidad de millones de quetzales que nos ahorraríamos, ¡Hasta dan ganas de hacerlo inmediatamente!

En estas someras propuestas, bien cabe incluir, redefinir las funciones primordiales del Estado, es decir para qué fue creado originalmente, cuáles eran en realidad sus funciones básicas, porque en la actualidad, lejos de los conceptos de promover el bien común con justicia y seguridad, nuestro dinero de los impuestos se gasta hasta en trompos y yoyos.

Consideremos estimados ciudadanos fiscalizar el accionar de los diputados al congreso, que son quienes en última instancia definen, por componendas politiqueras y de beneficio propio y electoral, el monto total del presupuesto general de la Nación y no permitamos que ni un solo centavo se malgaste o sea robado por los corruptos politiqueros y disfuncionarios de siempre, porque sólo en el ejercicio correcto del poder y sus finanzas podremos, juntos como país, promover condiciones de riqueza para todos y dejar de autorizar presupuestos para la corrupción.