Esa peligrosa relación Iglesia y Gobierno

Escrito por Juan Francisco Rodríguez

La iglesia un poder paralelo

De todos es bien sabido que el poder eclesial ha figurado a lo largo de la historia como un poder paralelo al de emperadores, reyes, presidentes y de gobiernos en general. Así, pretendiendo que el soberano de turno amplíe los beneficios de la iglesia de Dios, clérigos y pastores pretenden afianzar sus posiciones de poder hablando al oído de aquel que creído que hay “un ojo que todo lo ve”, tranza con sus representantes en la tierra, a fin que sus desmanes y abusos le sean perdonados y olvidados por ese Todopoderoso y librarse de las consecuencias que conlleva la mala gobernanza, en el peor de los casos usar el nombre de esa deidad como un respaldo ya que sólo se cumple con su voluntad.

Dos poderes que a lo largo de la historia se han entronado para expoliar al crédulo, de un cielo que lo premia, si cumple con las exigencias de ambos en el mundo terrenal y sino será consumido por la eternidad en un mar de fuego con penas indescriptibles. ¿Qué otra le queda a ese preso del terror? Más que obedecer sin alzar la voz y decir amén a lo que ambos amos dispongan en su vida. Y así fue por muchos siglos, en los cuales o era la palabra del rey, del papa, quienes se adjudicaban la voz del mismo Dios, señalando los designios a los que todo mundo se debía plegar, cual intérpretes de un Dios que no podía hablar más que por la boca de aquellos.

Vaya vicarios más astutos y abusivos al igual que los reyes, comiendo codo a codo en la misma mesa, repartiendo a diestra y siniestra las riquezas que otros producían, cosechando en tierras que otros sembraban y cobrando vidas en guerras que los pueblos no entendían, allí, así, esos poderes se revolcaban en la misma cama, literalmente, en lujuriosas componendas donde casi siempre, quien pagaba con su vida aquella pasión desenfrenada por el poder, era el creyente.

Apenas hace un par de cientos de años, que la humanidad abrió los ojos a la realidad, comprendiendo algunos, que ese cielo e infierno prometido no era otra cosa más que el cuento de la extorsión religiosa, qué según el gobernante, era para apoyar los monarcas de turno. Qué inhumana crueldad la que reinó en realidad, con hombres sin moral, cuyo único fin era enriquecerse a toda costa, llenar sus bolsas, templos, reinos y cuerpos de los mismos “pecados” que en otros condenaban.

Y en la actualidad son algunos los presidentes y monarcas que no dan paso sin antes consultar a sus asesores religiosos, creo que cada vez son menos o quizá lo hacen más en secreto. Con todo este panorama, no es de extrañar que en Guatemala, donde por muchos años reinó la religión católica, ahora en un franco descenso y decadencia, sean otras corrientes religiosas las que pretendan asegurarse esa vacante junto al gobierno de turno. Hemos tenido en la reciente historia presidentes que muestran cómo una tarjeta de presentación sus creencias religiosas, tratando de hacernos creer que por eso son personas más honestas, ¡Vaya mentira! pues no se necesita tener una creencia religiosa para ser honesto. Así de burdo y absurdo, es pretender qué porque un presidente mencione la palabra Dios en cada discurso éste sea mejor que otros o porque reiteradamente diga que “primero Dios” se hará esto o aquello, si se hará realidad.

Lo cierto es que mientras los gobernantes de turno no terminen de entender que la ciudadanía lo que quiere es resultados de su gestión, de su trabajo, de su administración, no la invocación de éste o aquel Dios, mientras esto suceda no tendremos una separación real de esos poderes terrenales. Porque para esperar que del cielo les venga una solución, para eso cada quién sabrá a quién encomendarse.